Miguel
Ángel Luna Cervén, un nombre digno que recordar.
El
mayor prolifera la idea de que "muchacho no es gente", que muchacho
no sabe lo que quiere. Pero acaso cuando se logra crecer, ¿una persona llega a
ser capaz para decidir lo que realmente quiere?, y si es así, ¿es prudente que
lo que quiera se vuelva realidad? Tengo una cierta desavenencia con estas
personas mayores, porque verán ustedes, podrá ser cierto que la mayoría de la
juventud llega a ser ciertamente inmadura, y más los hombres que las mujeres.
Pero por qué a los que maduramos demasiado rápido nos llenan con la misma
indiferencia. Y aun así, cuando demostramos que nuestra capacidad de
pensamiento y razonamiento es ciertamente elevado somos nuevamente ignorados
porque lo diagnostican como "necesidad de atención", y ¿acaso está
mal necesitar atención? Desde que nacemos desarrollamos el sentido común de
querer llamar la atención, el bebé llora por querer llamar la atención para que
se le alimente o se le consienta; el niño, aun no influenciado por el error
social que se hace indispensable llamado "mentir", platica para poder
llamar la atención y conseguir lo que desea; y el adulto normalmente miente
para conseguir la misma atención, y así círculos sociales se mienten entre sí
para lograr quedar unos más grandes de posición que otros. Pero si algo es
cierto es que todos somos iguales se mienta o no. El adulto no acepta ciertas
políticas jóvenes y las rechaza llamándolas inmaduras; incoherentes. Pero solo
las rechaza para mantener el paradigma social de que la madurez se mide en
años, y es mentira, les aseguro que una medida perfecta sería en daños.
Mientras más daño se lleva más rápido se crece, sea ya voluntaria o no la
decisión de madurar.
Más
allá de todo, esto es una historia que relata la desafortunada juventud de un
muchacho que maduró quizá muy tarde, o muy temprano, depende del punto de vista
pero, por supuesto, esta tarea de decidir queda a merced del lector.
Pero
algo he de advertirle, antes de leer, antes de siquiera pasar al siguiente capítulo
pregúntese a sí mismo si está en condiciones de tolerar cierta magnitud de
eventos y actos. Para poder seguir la lectura provechosa es necesario abrir la
mente, y consigo llevar con tolerancia cada palabra. Si usted no cree en la
igualdad totalitaria, en el que cometer errores es mejor que no arriesgarse, en
que la vida es difícil y en que las primeras impresiones no siempre son las
correctas, entonces cierre este libro de inmediato, regálelo o simplemente
arroje este majestuoso trabajo a la basura. No recomendaría este libro a
adultos, la mayoría tienden a sufrir de susceptibilidad crónica. Pobres,
ciertamente siento compasión. No, es lástima.
Miguel
Ángel Luna llega a Venezuela con siete años de edad en el 2004. Su padre, José
Ángel Luna, nació en Cartagena de Indias, Colombia. Viajó a Venezuela en 1989,
se dirigió a Caracas por cuestiones de negocios pero luego tuvo que tomar unos
días en Aragua, donde conoció a Astrid Cervén, la mujer que luego se
convertiría en su esposa y madre de su hijo. José se la llevo consigo a
Colombia, ahí le esperaba un gran cargo como representante jurídico de una gran
empresa, de la cual no puedo hablar más. Criaron a su hijo con todo lo que
pudiese necesitar, su padre le podía brindar todo lo que él y su madre desearan.
Hasta que en 2004 tuvieron que dejar Colombia. El jefe de José fue a juicio,
denunciado por ciertos problemas económicos internos, el cual perdió. Le urgió
dejar todo atrás, su jefe le había convencido de que si no se alejaba, lo más
pronto posible, su familia y todos sus bienes que con los años surgieron
gracias a su labor en la empresa pagarían las consecuencias de su negligencia
al fallarle como abogado, aunque para ser honestos hubiera sido un milagro de
Dios que ese hombre fuera salido de ese juicio ileso. Él mismo sabia con la
persona con la que trataba y sus palabras no salían de sus labios en vano. Migraron.
Al
llegar a Venezuela, justo faltando pocas horas por llegar a casa de la familia
materna tuvieron un accidente automovilístico del cual José no logro
sobrevivir. Quedando sin padre a los siete años de edad, Miguel se establece
con su madre en Aragua con una de sus tías. En 2013 su madre muere de melanoma
avanzado. Con un pasado no tan pasible, Miguel se enfrentara a situaciones de
borde emocional y físico. Se pondría bajo efectos de la calle, los amigos y el
amor. Se transformaría en sus propios demonios, formando barreras en sus miedos
más profundos, desarrollando una nueva parte de él, dejando de ser él. Lolito
bajo metamorfosis. Miguel bajo catarsis.
La
vida adolescente de Miguel es un sistema de redes que empiezan desencadenándose
por sus primeras relaciones en el circulo del amor, además, un grupo de jóvenes
en el cual se interna y se hace parte de ellos, los cuales según tienen una
relación con la vida filosófica en un sentido lunar. Grandes iconos como
Dolores, Belinda, Norma y Elizabeth influenciaran en el desarrollo de sus
demonios, de su falta de moralidad.
Muchacho
no sabe lo que quiere, pero consigue todo lo que esté a su alcance.
Néstor Maita.
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