viernes, 29 de mayo de 2015

Piloto.

 Miguel Ángel Luna Cervén, un nombre digno que recordar.
El mayor prolifera la idea de que "muchacho no es gente", que muchacho no sabe lo que quiere. Pero acaso cuando se logra crecer, ¿una persona llega a ser capaz para decidir lo que realmente quiere?, y si es así, ¿es prudente que lo que quiera se vuelva realidad? Tengo una cierta desavenencia con estas personas mayores, porque verán ustedes, podrá ser cierto que la mayoría de la juventud llega a ser ciertamente inmadura, y más los hombres que las mujeres. Pero por qué a los que maduramos demasiado rápido nos llenan con la misma indiferencia. Y aun así, cuando demostramos que nuestra capacidad de pensamiento y razonamiento es ciertamente elevado somos nuevamente ignorados porque lo diagnostican como "necesidad de atención", y ¿acaso está mal necesitar atención? Desde que nacemos desarrollamos el sentido común de querer llamar la atención, el bebé llora por querer llamar la atención para que se le alimente o se le consienta; el niño, aun no influenciado por el error social que se hace indispensable llamado "mentir", platica para poder llamar la atención y conseguir lo que desea; y el adulto normalmente miente para conseguir la misma atención, y así círculos sociales se mienten entre sí para lograr quedar unos más grandes de posición que otros. Pero si algo es cierto es que todos somos iguales se mienta o no. El adulto no acepta ciertas políticas jóvenes y las rechaza llamándolas inmaduras; incoherentes. Pero solo las rechaza para mantener el paradigma social de que la madurez se mide en años, y es mentira, les aseguro que una medida perfecta sería en daños. Mientras más daño se lleva más rápido se crece, sea ya voluntaria o no la decisión de madurar.
Más allá de todo, esto es una historia que relata la desafortunada juventud de un muchacho que maduró quizá muy tarde, o muy temprano, depende del punto de vista pero, por supuesto, esta tarea de decidir queda a merced del lector.
Pero algo he de advertirle, antes de leer, antes de siquiera pasar al siguiente capítulo pregúntese a sí mismo si está en condiciones de tolerar cierta magnitud de eventos y actos. Para poder seguir la lectura provechosa es necesario abrir la mente, y consigo llevar con tolerancia cada palabra. Si usted no cree en la igualdad totalitaria, en el que cometer errores es mejor que no arriesgarse, en que la vida es difícil y en que las primeras impresiones no siempre son las correctas, entonces cierre este libro de inmediato, regálelo o simplemente arroje este majestuoso trabajo a la basura. No recomendaría este libro a adultos, la mayoría tienden a sufrir de susceptibilidad crónica. Pobres, ciertamente siento compasión. No, es lástima.
Miguel Ángel Luna llega a Venezuela con siete años de edad en el 2004. Su padre, José Ángel Luna, nació en Cartagena de Indias, Colombia. Viajó a Venezuela en 1989, se dirigió a Caracas por cuestiones de negocios pero luego tuvo que tomar unos días en Aragua, donde conoció a Astrid Cervén, la mujer que luego se convertiría en su esposa y madre de su hijo. José se la llevo consigo a Colombia, ahí le esperaba un gran cargo como representante jurídico de una gran empresa, de la cual no puedo hablar más. Criaron a su hijo con todo lo que pudiese necesitar, su padre le podía brindar todo lo que él y su madre desearan. Hasta que en 2004 tuvieron que dejar Colombia. El jefe de José fue a juicio, denunciado por ciertos problemas económicos internos, el cual perdió. Le urgió dejar todo atrás, su jefe le había convencido de que si no se alejaba, lo más pronto posible, su familia y todos sus bienes que con los años surgieron gracias a su labor en la empresa pagarían las consecuencias de su negligencia al fallarle como abogado, aunque para ser honestos hubiera sido un milagro de Dios que ese hombre fuera salido de ese juicio ileso. Él mismo sabia con la persona con la que trataba y sus palabras no salían de sus labios en vano. Migraron.
Al llegar a Venezuela, justo faltando pocas horas por llegar a casa de la familia materna tuvieron un accidente automovilístico del cual José no logro sobrevivir. Quedando sin padre a los siete años de edad, Miguel se establece con su madre en Aragua con una de sus tías. En 2013 su madre muere de melanoma avanzado. Con un pasado no tan pasible, Miguel se enfrentara a situaciones de borde emocional y físico. Se pondría bajo efectos de la calle, los amigos y el amor. Se transformaría en sus propios demonios, formando barreras en sus miedos más profundos, desarrollando una nueva parte de él, dejando de ser él. Lolito bajo metamorfosis. Miguel bajo catarsis.
La vida adolescente de Miguel es un sistema de redes que empiezan desencadenándose por sus primeras relaciones en el circulo del amor, además, un grupo de jóvenes en el cual se interna y se hace parte de ellos, los cuales según tienen una relación con la vida filosófica en un sentido lunar. Grandes iconos como Dolores, Belinda, Norma y Elizabeth influenciaran en el desarrollo de sus demonios, de su falta de moralidad.
Muchacho no sabe lo que quiere, pero consigue todo lo que esté a su alcance.

Néstor Maita.

No hay comentarios:

Publicar un comentario